Del “arrepentimiento de Eisenstein” a la “interacción neuronal”
Repensando el alma del cine estereoscópico
Del “arrepentimiento de Eisenstein” a la “interacción neuronal”

1915 fue el año en que apareció el cine estereoscópico, pero debemos esperar hasta finales de los años 40, cuando el gran director y maestro del montaje Serguéi Eisenstein comenzó a crear lo que habría sido una obra monumental sobre el cine tridimensional. Desafortunadamente, su muerte repentina dejó un vacío irreparable en el mundo de la cinematografía y su trabajo pionero sobre la estereoscopía quedó inconcluso. Desde entonces perseguimos el objetivo de la tridimensionalidad, acercándonos lentamente a través de etapas intermedias como la realidad virtual (VR) y las tecnologías 3D cada vez más difundidas también gracias al éxito del espectacular “Avatar” de James Cameron.

A pesar de ello, hoy asistimos a una regresión paradójica: la pandemia confinó a las personas en sus hogares, y estas, a su vez, se encerraron en pantallas del tamaño de la palma de la mano, satisfechas con la estimulación efímera de contenidos breves en detrimento de una profundidad cultural cada vez más marginada. El mundo se ha convertido en un fondo fotográfico, y el smartphone se ha transformado de herramienta de comunicación en un televisor portátil siempre encendido.

En la calle, solo veo personas absorbidas por pequeñas pantallas: incluso las parejas ríen y se emocionan mirando el teléfono, y no el rostro del otro. Ya no nos sumergimos en la belleza del arte: se toma una foto rápidamente y se sigue adelante. Es una fractura histórica: imaginamos la grandeza, pero hemos terminado viviendo dentro de una pantalla. Qué frustrante es ese amigo que te invita a cenar y permanece pegado al teléfono todo el tiempo. Piensas que si te fueras, ni siquiera lo notaría: vive dentro de la pantalla, desinteresado por ti y por el mundo real.

Puede parecer una comedia absurda, pero como directora leo en ello una señal poderosa: el hambre de estímulos sensoriales nace de una profunda falta de experiencia real.

En esta época, el lenguaje cinematográfico tradicional está perdiendo eficacia porque el público ya no quiere solo guardare: desea tocar, percibir, vivir. Esto abre una posibilidad revolucionaria: transformar el cine en un medio verdaderamente inmersivo.

¿Cómo crear un espacio inmersivo realmente “perceptible”?

Para construir un verdadero mundo cinematográfico tridimensional, donde el espectador se convierte en creador, se necesitan dos pasos clave:

1. Evolución tecnológica: de “simular la realidad” a “crear existencia”

A través del spatial computing (tecnologías VR, AR, XR…) y del feedback neurológico, como las nterfaces cerebro-computadora (BCI), podemos fusionar lo real y lo digital.

  • Feedback háptico y ambiental
  • Narrativa no lineal y dinámica

2. Retorno a la profundidad cultural

La estimulación sensorial no debe sustituir al pensamiento, sino integrarlo.

  • La inmersión debe generar empatía, no solo entretenimiento.

Las tres direcciones posibles

  • Participación espacial: mediante el uso de visores como el Apple Vision Pro, el cine superará la pantalla para fusionarse con el espacio físico real. Los espectadores podrán luchar codo con codo con los protagonistas en el salón de su casa, modificando el curso de la trama local a través de sus interacciones.
  • Interacción neuronal: a través de BCIs biocompatibles, se podrá lograr en tiempo real una especie de resonancia emocional. La película ajustará dinámicamente el ritmo narrativo según el estado emocional del espectador, alcanzando una verdadera “resonancia del alma”.
  • Construcción social: la sala de cine evoluciona hacia un espacio narrativo real similar a las experiencias Massive Multiplayer Online (MMO). Cientos de espectadores entran juntos en un momento histórico o en un mundo imaginario; sus decisiones colectivas determinarán el final de la historia, transformando el cine en una nueva forma de experimento social y colaboración artística.

No es solo tecnología: es una revolución de la percepción humana.

Estamos al final de un lenguaje y al inicio de otro. Nuestra tarea es liberar el cine de los límites lineales y construir un mundo vivo, tridimensional y creativo.